Atlanta se hermana con Atlanta

Publicada el 16 de enero de 2006.

Tras las repercusiones del derby “argentino” que disputaron el pasado 30 de octubre los clubes catalanes Atlanta y Chacarita, tuvo lugar una emotiva reunión en Barcelona convocada por un socio bohemio radicado en Europa. Con la excusa de entregar unos obsequios enviados desde Buenos Aires, el encuentro se desarrolló en la sede de Atlanta y de él participaron directivos del anfitrión, uno de Chacarita y hasta el ex jugador bohemio Jorge Vallejos, que vive desde hace muchos años en la cautivante ciudad mediterránea.
POR ALBERTO KAMINKER, SOCIO DEL ATLANTA PORTEÑO.
RESIDENTE EN PARÍS, FRANCIA.

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Los participantes del encuentro en la puerta de la sede de Atlanta en el Raval de Barcelona: de izq. a der., Javier Alario Núñez, secretario de Atlanta; José Rodríguez Plaza, segundo entrenador; Amado Azuara Rengel, presidente; Juan Pérez Pérez, entrenador; Jorge “Chino” Vallejos Rodríguez, ex jugador de Atlanta de Buenos Aires, y Oscar García Andreu, directivo del Chacarita catalán

Todo comenzó hace casi tres años, cuando Edgardo Imas, dedicado en ese momento a preparar notas sobre los clubes denominados Atlanta desparramados por el mundo, me hizo saber de la existencia de un club de fútbol llamado Atlanta en Barcelona y me pidió colaboración para localizar a sus dirigentes y rastrear datos de su historia.

La primera reacción fue de incredulidad: he vivido más de seis años en Barcelona, allá por los noventa, conozco la ciudad casi como mi Villa Crespo natal ¡y nunca me había enterado de su existencia!

Confieso que dudé de la veracidad, pero los datos aportados por nuestro historiador se revelaron tan ajustados como siempre. Algunos llamados a España (números provistos por Edgardo), con cierta insistencia de mi parte, dieron el fruto y así nos pusimos en contacto por primera vez con los dirigentes del Atlanta catalán. Los resultados se reflejaron en la nota que en agosto del 2003 se publicó en el sitio de Internet Sentimiento Bohemio(1).

Ése fue el origen de una relación interclubes planteada a la distancia, alentada por un patronímico común y un similar afán por la fauna futbolera. Me comprometí a efectuarles una visita en cuanto se diese la oportunidad pero -las razones no vienen al caso- nunca pude hacerlo, a pesar de mis frecuentes visitas a la Condal.

Hace unos tres meses, el clásico de Villa Crespo fue disputado en Barcelona por los dos clubes homónimos de sus protagonistas argentinos, en el marco del Campeonato de Segunda Territorial de la Federación Catalana de Fútbol. Este hecho tuvo, mediante los contactos y la difusión de Edgardo, repercusión en la prensa catalana y argentina -al respecto, ver las notas publicadas en el mismo sitio de Internet en los siguientes links (2) y (3)-. Esto hizo también que, por suerte, algunos bohemios que rondaron por esos lares se acercaran a la sede del Atlanta de Barcelona a testimoniar el afecto por un nombre que nos unía más allá del mutuo desconocimiento.

Pero Edgardo es persistente y lleva en la piel el reconocimiento y la cercanía a quienes maman las mismas raíces futboleras e idéntica dignidad. Entonces acarició la idea de que, en mi próximo viaje (sabía que pasaría estas fiestas allí) me acercara a la sede del homónimo catalán y completara ese indicio de complacencia y amistad en la forma de la entrega de símbolos de nuestro club: camiseta oficial, banderín, postales y hasta el video “Siglo Bohemio” -donado para la ocasión por Mónica Nizzardo-, que me hizo llegar a través de un caracterizado fanático bohemio -uno al que todos encomian por su adhesión a la camiseta y por no haberse perdido ningún partido del bohemio en los últimos 15 años-. En efecto, Fernando Szereszewski aprovechó un viaje por estas tierras y me trajo la encomienda.

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Dirigentes de Chacarita y Atlanta de Barcelona escucharon los testimonios de cómo se vive el clásico en Buenos Aires.

(El responsable de la compra del regalo, quien no desea ser mencionado, se va a molestar porque lo cuente, pero es importante que se sepa -en particular, para aquellos que miden las fidelidades por fervores aliados a la viveza o a la virulencia- que el obsequio fue abonado en su totalidad de su bolsillo, sitio este último que no se caracteriza, precisamente, por ser rebosante ni abultado. Su generosidad transformó el obsequio en uno realizado de club a club y nos representó a todos.)

Pero no acabó allí su ingenio. Al mismo tiempo, se le ocurrió que era importante que el otro club de nuestra dialéctica ancestral, también presente en el ámbito catalán; sí, ese… cuyo nombre empieza con C, ese… que da nombre a un barrio que orilla el Cementerio del Oeste, ese… que alguna vez fue vecino y debió mudarse para poder conservar algo de dignidad barrial, ese… al que tanto detestamos pero sin cuya existencia perderíamos parte de la identidad que da la rivalidad atávica; en fin, ustedes ya saben de quiénes hablo… Bien, a ÉSE también le tocó recibir un hidalgo obsequio.

En suma, tomé contacto con dirigentes de ambos clubes y la cita fue fijada para el jueves 29 de diciembre de 2005, a las 19, en la sede de Atlanta FC.

En ese momento, la neurona que todavía me acompaña, frágil pero fiel, me recordó que en Barcelona viven, desde hace años, dos ex jugadores que, a fines de los sesenta y principios de los setenta, supieron vestir las camisetas bohemia y fune…¿sta?

El de Atlanta es una rara avis, arquetipo de hombre hecho en el club: vecino del barrio, socio desde niño, jugador desde la Novena División hasta que alcanzó la Primera.

Hacia esa época, transitaba tanto la sede como la cancha rodeado de amigos bohemios hasta la médula: Jorge “Chino” Vallejos. Hoy, por esos hábitos de las normas de identidad española es Jorge Luis Vallejos Rodríguez, ¡olé!.

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En la cabecera, el socio residente en París, Alberto Kaminker, entre el secretario del club, Javier Alario Núñez, y ex jugador bohemio Jorge Vallejos.

El otro ex jugador (bah, el que jugaba en el otro equipo que aquí recordamos) fue zaguero central campeón en el ’69, en ese grupo que hizo un fútbol formidable… sólo porque en él jugaba “Manija” Puntorero, que si no…; me refiero a ese muy buen jugador y mejor tipo que fue (es) Jorge Buzzo.

Ambos se casaron con dos hermanas (bueno, una para cada uno) y la vida los hizo cuñados y casi hermanos para siempre.

Se instalaron en Barcelona hace mucho tiempo y, al abandonar el fútbol, montaron restaurante y pizzería, nucleando en sus mesas a buena parte del mundillo futbolero argentino que transita por esa ciudad.

Con no pocos inconvenientes (como ya no se dedican a la gastronomía, tuve que rastrear por otras fuentes) los localicé el mismo día del evento de entrega de los obsequios y los invité a participar. Ambos llevan el fútbol y los respectivos colores en la sangre; aceptaron de inmediato.

Lamentablemente, Buzzo tenía comprometida su jornada por justificadas razones familiares y no podía llegar. El “Chino” sí lo hizo y de hecho, prueba de su ansiedad por la experiencia, llegó antes que yo.

Una vez allí, luego del abrazo fraternal entre militantes de una idéntica teología azul y amarilla, me hizo un repaso de todos sus compañeros de equipo. Confesó con alegría que en estos años había tenido la oportunidad de reencontrarse con casi todos ellos y que sólo le quedaba la espina de no haber tomado contacto con los Miguel Ángel de aquella época: Pecoraro y Laino.

El “Chino” Vallejos tenía una ansiedad adolescente por reeditar el recuerdo de sus años juveniles, el barrio, sus cafés, los personajes emblemáticos de la hinchada, sus compañeros desde las inferiores; en fin, su vida hasta su partida a Grecia en 1972 para jugar en el Larissa. Allí, en tierra helénica, convivió experiencias con otros ex bohemios, Gil, Vicente, Morales y Errea.

Luego se fue en 1975 en viaje de retorno a casa con parada circunstancial en Barcelona. Cuenta la leyenda (bah, lo cuenta el propio “Chino”) que aprovechó la escala del avión que lo devolvía a su tierra, para compartir un asadito con “Milonguita” Heredia, aquel delantero grandote a la sazón jugador del Barsa.

Bohemio al fin, la parrilla humeante, la carne tentadora, el vinito amable, la charla entrañable, le hicieron perder el avión…

Ahí nomás, decidió extender la estadía unos días. Alguien le sopló al oído que, esa semana, el Sant Andreu catalán estaba haciendo pruebas buscando delanteros para su proyecto de ascenso ¿Por qué no?, se dijo el villacrespense.

Tres goles mediante, el ensayo resulta un éxito y por esos caminos anda atento todavía a su corazoncito bohemio…

Volvamos a la reunión.
El Atlanta FC se sitúa en el más que típico barrio barcelonés del Raval; algo así como una replica catalana -en espíritu y habida cuenta de su ubicación en la zona más antigua de la ciudad- de San Telmo o Barracas en Buenos Aires. Cercano a las Ramblas, al Barrio Chino, al Puerto Viejo, al Poble Sec de Serrat, al Mercado de la Boquería, a la esencia del barcelonismo.

La sede es un acogedor bar situado en la Rambla del Raval Nº 13, sobre la izquierda sí se intuye el mar de frente y mirando a una iluminada plazoleta custodiada por un enorme gato de Botero.

Sobre su frente, un radiante cartel comunica al viandante que ahí hay algo más que un bar; que ahí habita el sueño de unos quijotes que saben que van a llevar a Atlanta FC a jugar con los de arriba más temprano que tarde.

Azares del destino, al igual que nosotros, que nos llamamos bohemios, por cuanto estuvimos obligados a deambular de barrio en barrio hasta encontrar donde asentar las posaderas y construirnos como lo que somos, el Atlanta de Barcelona es el único club de la liga catalana que no puede disponer de cancha propia; simplemente, no la hay en el barrio. Pero los que lo aman y dirigen perjuran que lo lograrán. ¡Y cómo no creerles!

Al llegar me esperaban, entusiasmados, los responsables de esta epopeya futbolística: Amado, Javier, José, Juan, la señora cuyo nombre se me escurre pero que prepara un café maravilloso, y, junto a ellos, el “Chino” Vallejos y Oscar, el afectuoso directivo de… (bueno, ya me decidiré y escribiré el nombre de ese club, tengan paciencia, no es fácil…).

Por supuesto nos trenzamos a explicarles, entre el “Chino” y el que suscribe, la historia que conocemos de nuestro club, los comienzos, los desafíos, los éxitos, la presencia en un medio tan competitivo como el fútbol argentino, la proyección social alcanzada por el bohemio, los avatares recientes, la esperanza del resurgimiento, la pasión y entrega de sus directivos actuales. Luego tocó el turno de analizar qué significan las rivalidades en la liturgia futbolera nativa y sorprenderlos con anécdotas que difícilmente caben en el temperamento del hincha español, pero que les deleitan porque son conocedores del imaginario que envuelve nuestros atavismos originales.

En medio de ello, la entrega de los obsequios, las fotos que recordarán ese momento de encuentro (“Chino, ponete la camiseta de Atlanta para la foto…, si te entra”) y un montoncito de pequeñas emociones que se fijarán en la piel por mucho tiempo.

En medio de ello, la entrega de los obsequios, las fotos que recordarán ese momento de encuentro (“Dale Chino, ponete la camiseta de Atlanta para la foto…, si te entra”) y un montoncito de pequeñas emociones que se fijarán en la piel por mucho tiempo.

Abrazos, promesas de nuevas visitas y de aprovechar algún viaje para presenciar cualquier partido y gritar los goles como si estuviese en el Gran León o donde nos toque jugar.

Dos horas después, absolutamente conmovidos por el encuentro y la simpatía de nuestros anfitriones, nos fuimos con el “Chino” y convinimos en una promesa hecha complicidad en voz baja: ¡¡La verdad que estos tipos son unos fenómenos!!… pero de a poco les tenemos que hacer cambiar los colores de la camiseta. ¡¿ Cómo van a usar rojo y negro?!, si ésos son dos de los colores de, de, de… ¡¡ESE equipito de San Martín!!

El “Chino” de Villa Crespo en Barcelona
POR EDGARDO IMAS

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Uno de los dos asistentes argentinos al encuentro en Barcelona, Jorge Vallejos, cuando jugaba en Atlanta en 1971.

Jorge Luis Vallejos arrancó en la Novena de Atlanta en 1963. En la Primera bohemia jugó entre 1969 y 1972, un total de 28 partidos (en los cuales sólo fue titular en 6, los otros 22 ingresó desde el banco; ganó 9, empató 6 y perdió 13.). Si se incluyen los seis cotejos que disputó por la oficial -fue organizada por la AFA- Copa Argentina, la cifra sube a 34 cotejos. Así, su debut oficial fue en un partido de Copa antes que en uno por campeonato (lo mismo había ocurrido en 1958 con Luis Artime). Vallejos jugó el 6 de febrero de 1969, Central Norte de Salta 1 – Atlanta 0, en el estadio de Gimnasia y Tiro, cuando ingresó desde el banco de relevos por Jorge Domínguez, por el partido de ida de la primera ronda de la Copa Argentina 1969. Además, ése fue el primer cambio reglamentario de un jugador de campo que hizo Atlanta en un encuentro oficial. En lo que hace a campeonatos, su primera presentación fue el domingo 30 de noviembre de 1969, por la 17ª fecha del Torneo Reclasificación de Primera División de 1969, Atlanta 1 – Newell’s 1, cuando el DT José María Silvero lo hizo entrar desde el banco de suplentes por Rodolfo Vicente. Desde el arranque, el primero que jugó por por la 17ª fecha del Nacional 1970, Atlanta 1 – Rosario Central 1. En el Metropolitano 1970 no llegó a actuar. Por campeonatos, convirtió un solo gol, al arquero Hugo Orlando Gatti, en el partido que Atlanta le ganó 2 a 1 a Gimnasia La Plata por la novena fecha del Metropolitano 1972, el 9 de abril. En el partido revancha de la primera ronda de la Copa Argentina 1970 le anotó otro tanto a Juventud Unida de San Luis, en el triunfo por 2 a 0 en la capital puntana, el 7 de marzo de ese año. A fines de 1972, emigró a Grecia con otros tres futbolistas de Atlanta: Roberto Gil, Rodolfo Vicente y Horacio Morales.

El 12 de marzo, otro derby
POR EDGARDO IMAS
Los dos clubes militan en la Segunda Territorial de la Federación Catalana de Fútbol y este año, luego del ascenso conseguido por Chacarita desde la Tercera, comparten el mismo grupo, el número 10. El 30 de octubre igualaron 0 a 0 y está prevista la disputa de la revancha el 12 de marzo próximo, ya por la segunda ronda del campeonato. En la última jornada que se jugó, Chacarita goleó a Els Canaris por 8 a 0, mientras que Atlanta venció a Monopol por 3 a 1. La tabla de posiciones de la zona es encabezada por Buen Pastor, con 36 unidades, seguido por Unficación Bellvitge, con 31. Con 29 se ubica, Mercat Nou Magoria, y luego con 24 unidades hay cuatro equipos, entre ellos Chacarita y Atlanta, aunque el primero tiene un partido menos jugado. Por la fecha 16, el 14 de enero estaba previsto que jugaran Lliça d’Avall con Atlanta y Vallvidrera con Chacarita.

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